El Domingo 22 de marzo de 2026 (V Domingo de Cuaresma), el Evangelio de Juan nos presenta uno de los signos más poderosos de Jesús: la resurrección de Lázaro.
A veces sentimos que Dios llega tarde a nuestras crisis. Marta y María se lo dicen: «Señor, si hubieras estado aquí…». Sin embargo, el «retraso» de Jesús no es indiferencia, sino una oportunidad para manifestar una gloria mayor. Él no solo sana enfermedades, Él vence a la muerte.
Jesús no ofrece solo una idea abstracta sobre el futuro; se ofrece a Sí mismo en el presente. Creer en Él cambia nuestra perspectiva ante las «tumbas» personales que enfrentamos hoy (el miedo, el pecado o la desesperanza).
El milagro termina con una orden: «Desátenlo y déjenlo caminar». Jesús nos devuelve la vida, pero a menudo necesitamos de la comunidad y de nuestra propia voluntad para quitarnos las vendas que nos impiden avanzar con libertad.
Este pasaje nos invita a confiar en que, incluso en las situaciones que parecen «oler a muerto» o no tener salida, la voz de Jesús tiene el poder de llamarnos por nuestro nombre y sacarnos a la luz.
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