El enfermo ante Dios
Dios creó al hombre sano e inmortal. El pecado original trajo, entre sus consecuencias, la enfermedad, el dolor y la muerte. Aun así, el creyente sabe que, en la vida y en la muerte, en la enfermedad y en la salud, somos del Señor.
Ya en el Antiguo Testamento, el enfermo se lamenta ante Dios e implora la curación. La enfermedad, que a veces se entiende como fruto del pecado, se convierte en camino de conversión. Incluso se entrevé en ella un sentido de redención por los pecados, y la esperanza de que un día Dios perdonará toda falta y curará toda enfermedad.
Cristo, médico
Jesús ha venido a curar al hombre, cuerpo y alma. Sus curaciones son signo de que «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,16) y de que tiene poder para curar y perdonar. Y se identifica con los enfermos: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Esto ha suscitado que muchos cristianos dediquen incluso toda su vida a aliviar y cuidar a los que sufren.
Cuando el Señor cura, pide a los enfermos que crean y confíen en él. Y se sirve de signos para curar: impone las manos, hace barro, les manda lavarse… y los enfermos quieren tocarlo. Así sucede en los sacramentos: a través de signos sensibles, Cristo continúa «tocándonos».
Sus curaciones anuncian una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte. No curó a todos los enfermos, pero sí tomó sobre sí todo el peso del mal: es «el que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).
Qué es la Unción de enfermos
Jesucristo ha previsto un remedio saludable para cualquier necesidad de la vida sobrenatural, también para los momentos finales de la vida o cuando hay peligro de perderla, cuando el alma necesita auxilios especiales.
Estos auxilios los ha vinculado Jesucristo a la Unción de enfermos, sacramento instituido para alivio espiritual y también corporal de los cristianos gravemente enfermos. Por este sacramento, el cristiano se une a Jesucristo para tener los mismos sentimientos que Él tuvo ante el dolor y la muerte.
Jesucristo instituyó este sacramento
Ya cuando enviaba a los apóstoles, estos «ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban» (Mc 6,13). Pero quien lo dice más claramente es el apóstol Santiago, que muestra la tradición que la Iglesia ha recibido de Cristo:
«¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado» (Sant 5,14-15).
Efectos de este sacramento
1. Alivia el alma del enfermo
Reaviva en él la confianza en la misericordia divina y le da fuerzas para sobrellevar las molestias de la enfermedad y resistir las tentaciones.
2. Aumenta la gracia
La Unción de enfermos es, de suyo, un sacramento de vivos, y hay que recibirlo en gracia de Dios. Por tanto, aumenta la gracia santificante y borra las reliquias del pecado.
3. Perdona los pecados
En el caso de que el enfermo no pueda confesarse, la Unción de enfermos perdona también los pecados mortales, si el enfermo está arrepentido de sus culpas, al menos con dolor de atrición.
4. Puede devolver la salud
Si conviene a la salvación del alma, devuelve la salud al enfermo. Por eso no hay que esperar a que el enfermo esté en la agonía para administrarle este sacramento; lo lógico es que esté plenamente lúcido. Aunque no se debe dejar de administrar a aquel cristiano que, habiendo perdido ya el conocimiento, esté todavía vivo.
El Viático
La Iglesia ayuda también a los enfermos con el Viático. Por eso debe procurarse que los cristianos enfermos reciban con frecuencia la Comunión y, si la enfermedad es grave, a modo de Viático, que significa «provisión para el viaje» hacia la vida eterna.
Cómo se celebra
La celebración de este sacramento tiene diversos ritos. Lo esencial —igual que en los demás sacramentos— es la materia (el óleo de los enfermos: aceite de oliva u otro aceite vegetal, bendecido por el obispo en la misa crismal) y la forma (las palabras que pronuncia el ministro mientras unge al enfermo).
El sacerdote unge con el óleo bendecido la frente y las manos del enfermo, mientras dice:
«Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad» (CEC 1513).
La parroquia acompaña a los enfermos
Si hay en tu familia una persona enferma o mayor que desee recibir la Unción, la Comunión o la visita de un sacerdote, ponte en contacto con la parroquia.
