Para este domingo 8 de febrero de 2026, el Evangelio nos presenta una de las imágenes más potentes de la identidad cristiana. Jesús no nos dice que «debemos intentar» ser algo, sino que ya somos sal y luz.
En tiempos de Jesús, la sal no era solo un condimento; era el principal preservante de los alimentos.
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Identidad: Ser «sal de la tierra» significa que los cristianos estamos llamados a evitar la corrupción del mundo y a darle un «sabor» diferente a la vida cotidiana.
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El riesgo: La advertencia de Jesús es clara: si la sal se vuelve sosa, no sirve para nada. Un cristiano que vive exactamente igual que alguien que no conoce a Dios, sin compasión ni esperanza, pierde su razón de ser.
Jesús utiliza la imagen de una ciudad en lo alto de un monte y una lámpara en el candelero.
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No para presumir: La luz no brilla para que la miren a ella, sino para que los demás puedan ver el camino.
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Obras concretas: La luz se manifiesta en las «buenas obras». No se trata de un brillo intelectual o estético, sino de la caridad activa que permite que otros glorifiquen al Padre.
Este pasaje nos invita a hacernos una pregunta incómoda pero transformadora: ¿Mi presencia en mi entorno (familia, trabajo, redes sociales) hace que la vida sea más «sabrosa» y luminosa para los demás?
A veces nos escondemos por miedo o por comodidad, pero una lámpara bajo el cajón no cumple su función. Este domingo es una invitación a «salir de debajo del cajón» y dejar que la alegría del Evangelio se note en nuestros gestos más sencillos.
Parroquia Ntra. Sra. de la Esperanza tu iglesia en Córdoba


